
Quién puede Huir?
Clásicamente cometemos la repetitiva falla de evitar sentir dolor,
pero visto desde sus infinitas versiones la más vulnerable es de hecho el dolor sentimental,
que por ende nos invita a reflexionar ante la realidad de poder amar a otro con verdadera entrega y pasión.
El resultado no es más que una simple disminución del entusiasmo colateral que se impone ante nosotros cuando el corazón late y las mariposas tratan de salir de nuestro estómago.
Cada segundo cuenta mientras nos hacemos los locos y tratamos de disfrazarlo con la frasecita típica: “nada que ver”, y es entonces cuando más cerca estamos de la flecha de cupido y de la jaula de Morfeo, e ignorantes de la astucia primitiva que por instinto poseemos nos vamos dejando chantajear por la inútil introspección.
No hay más que esa frase pronunciar cuando estamos ajenos a la realidad de amar, con cada palabra no dicha nos torturamos la extroversión, en cada suspiro represado cultivamos la dejadez y esa manera absurda de ser.
La ideología protagoniza cada pensamiento mientras le tememos a esos palpitos incesantes dentro de nuestro corazón, tanto como si en la próxima esquina nos está esperando un malhechor.
Pero hay algo que se mantiene intocable, nadie te lo puede quitar, en las calles nadie te atraca por amor, nadie lo está necesitando, mientras paralelo el dinero lo compra “todo”...
Hoy la gente vive en busca de eso que cada día pierde más su valor y que mal le llaman: dinero, agrandándose así la brecha entre lo que “tenemos” y “podemos”, mientras la indomable inconformidad, de vez en vez nos aborda sin permiso y sin palabreos, asesinando la auténtica necesidad de la que tanto huimos, porque nos hace ver la incandescente luz en el oscuro sendero donde ocultamos lo que por realeza es: “tenemos para dar”,“nacimos para amar” y
quién puede huir?
pero visto desde sus infinitas versiones la más vulnerable es de hecho el dolor sentimental,
que por ende nos invita a reflexionar ante la realidad de poder amar a otro con verdadera entrega y pasión.
El resultado no es más que una simple disminución del entusiasmo colateral que se impone ante nosotros cuando el corazón late y las mariposas tratan de salir de nuestro estómago.
Cada segundo cuenta mientras nos hacemos los locos y tratamos de disfrazarlo con la frasecita típica: “nada que ver”, y es entonces cuando más cerca estamos de la flecha de cupido y de la jaula de Morfeo, e ignorantes de la astucia primitiva que por instinto poseemos nos vamos dejando chantajear por la inútil introspección.
No hay más que esa frase pronunciar cuando estamos ajenos a la realidad de amar, con cada palabra no dicha nos torturamos la extroversión, en cada suspiro represado cultivamos la dejadez y esa manera absurda de ser.
La ideología protagoniza cada pensamiento mientras le tememos a esos palpitos incesantes dentro de nuestro corazón, tanto como si en la próxima esquina nos está esperando un malhechor.
Pero hay algo que se mantiene intocable, nadie te lo puede quitar, en las calles nadie te atraca por amor, nadie lo está necesitando, mientras paralelo el dinero lo compra “todo”...
Hoy la gente vive en busca de eso que cada día pierde más su valor y que mal le llaman: dinero, agrandándose así la brecha entre lo que “tenemos” y “podemos”, mientras la indomable inconformidad, de vez en vez nos aborda sin permiso y sin palabreos, asesinando la auténtica necesidad de la que tanto huimos, porque nos hace ver la incandescente luz en el oscuro sendero donde ocultamos lo que por realeza es: “tenemos para dar”,“nacimos para amar” y
quién puede huir?








